¿Qué ocurrió durante el ataque?
El mexicano sobrevivió a ataque de tiburón mientras realizaba una inmersión científica en aguas del Pacífico, frente a la Isla del Coco, en Costa Rica. El hecho ocurrió a finales de septiembre, cuando el biólogo marino Mauricio Hoyos descendió a unos 40 metros de profundidad para colocar un dispositivo de rastreo a un tiburón galápagos de gran tamaño.
Durante la maniobra, el animal reaccionó de forma inesperada. Primero se alejó lentamente y, segundos después, regresó con rapidez y mordió a Hoyos en la cabeza y el rostro. El investigador logró inclinarse para proteger zonas vitales, lo que redujo la gravedad de las heridas. Tras un breve instante de presión, el tiburón abrió la mandíbula y se apartó.
A continuación, Hoyos enfrentó un riesgo mayor. La mordida dañó su equipo de buceo, cortó el suministro principal de aire y rompió parte de su visor. Con sangre en el rostro y visibilidad limitada, activó un regulador alterno y comenzó un ascenso controlado hacia la superficie. Gracias a su entrenamiento, evitó movimientos bruscos y mantuvo la calma durante el trayecto.
Finalmente, el equipo en la embarcación lo ayudó a salir del agua. Personal médico lo atendió de inmediato y lo trasladó a un centro de salud, donde recibió atención quirúrgica especializada.
¿Cómo evolucionó su recuperación y qué explica el experto?
Después del incidente, los médicos limpiaron las heridas y realizaron procedimientos reconstructivos. La recuperación avanzó sin infecciones ni complicaciones mayores. En pocas semanas, los especialistas autorizaron su alta médica y confirmaron una evolución favorable.

Hoyos explicó que el comportamiento del tiburón respondió a un acto defensivo y no a una conducta de caza. Según su experiencia, este tipo de mordidas funcionan como advertencias territoriales, similares a las que ocurren entre otros animales cuando perciben una amenaza. Además, consideró posible que el ejemplar protegiera un área sensible o incluso a sus crías.
Asimismo, el biólogo destacó que los tiburones cumplen una función clave en el equilibrio de los océanos. Regulan poblaciones de otras especies y contribuyen a la salud del ecosistema marino. Por ello, insistió en que los ataques a humanos resultan poco frecuentes y suelen relacionarse con circunstancias específicas.
El científico también subrayó que el uso de tecnología, como marcas acústicas, permite comprender mejor los movimientos y hábitos de estos animales. Esa información ayuda a diseñar áreas de conservación y políticas ambientales más eficaces.
A pesar de la experiencia, Hoyos planea retomar sus investigaciones en el mar. Considera que el episodio refuerza la necesidad de informar con rigor sobre los tiburones y reducir el miedo que los rodea. En sus palabras, la convivencia responsable y el conocimiento científico resultan esenciales para proteger tanto a las personas como a la fauna marina.

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