José Salvador Alvarenga quedó perdido en el mar tras salir de México y llegó a las Islas Marshall después de recorrer miles de kilómetros, enfrentando hambre, sed y aislamiento
José Salvador Alvarenga protagonizó una de las historias de supervivencia más extraordinarias registradas en el mar después de permanecer 438 días a la deriva en el océano Pacífico.
El pescador salió desde la costa de Chiapas, México, el 17 de noviembre de 2012 junto con Ezequiel Córdoba, en una embarcación de aproximadamente siete metros.
Lo que comenzó como una jornada de pesca terminó convirtiéndose en una pesadilla de más de 14 meses, luego de que una tormenta dañara el motor de la embarcación y dejara a los dos hombres sin posibilidades de regresar a tierra.
La tormenta que cambió el rumbo de la travesía
Alvarenga y Córdoba contaban con provisiones limitadas cuando quedaron a merced de las corrientes del Pacífico.
Sin combustible ni comunicación, comenzaron a depender de lo que pudieran encontrar en el océano para mantenerse con vida.
Los pescadores capturaban peces, tortugas y aves marinas, mientras recolectaban agua de lluvia para intentar mantenerse hidratados.
Con el paso de los días, la situación de Córdoba empeoró después de enfermarse por consumir carne de ave en mal estado.
El joven dejó de alimentarse y finalmente murió durante la travesía.
Alvarenga quedó completamente solo en el océano
Después de la muerte de su compañero, Alvarenga permaneció solo durante meses en una pequeña embarcación que continuaba desplazándose por las corrientes.
El pescador tuvo que enfrentar temperaturas extremas, tormentas, hambre y largos periodos sin ver otras embarcaciones.
Para sobrevivir llegó a consumir pescado y carne cruda, además de aprovechar el agua de lluvia y otros recursos que encontraba en el mar.
La falta de agua dulce se convirtió en uno de los principales peligros durante su permanencia en el Pacífico.
Contar la Luna lo ayudó a medir el tiempo
Uno de los aspectos más sorprendentes de la historia fue la manera en que Alvarenga intentó mantener la noción del paso del tiempo.
Sin reloj ni calendario, comenzó a observar y contar los ciclos de la Luna mientras permanecía completamente aislado.
El recurso le permitió establecer una referencia mental durante los largos meses de supervivencia.
“He mirado la luna crecer y menguar durante más de un año”, relató posteriormente al recordar aquellos días.
La referencia lunar no reducía las dificultades físicas, pero le proporcionaba una forma de organizar mentalmente una experiencia marcada por la incertidumbre.
Después de 438 días finalmente encontró tierra
La travesía terminó el 30 de enero de 2014, cuando Alvarenga alcanzó el atolón Ebon, en las Islas Marshall.
Dos habitantes de la zona encontraron al pescador exhausto después de que recorriera una distancia estimada de hasta 10,800 kilómetros desde su punto de partida en México.
Su aparición generó inicialmente dudas debido a la magnitud de la historia, pero diferentes reconstrucciones y testimonios posteriores permitieron documentar la extraordinaria travesía.
Alvarenga regresó a El Salvador el 10 de febrero de 2014, después de sobrevivir más de un año en condiciones extremas.
Su historia quedó registrada como uno de los casos más extraordinarios de supervivencia en el océano, marcado por el hambre, la soledad y una lucha constante por mantenerse con vida.
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