Juraguá: el sueño nuclear que Cuba abandonó.
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Un proyecto ligado a la Guerra Fría
Cuba buscó durante la Guerra Fría reducir su dependencia de los combustibles fósiles mediante un ambicioso programa nuclear. El proyecto más importante fue la planta nuclear de Juraguá, ubicada cerca de Cienfuegos. La obra comenzó en 1982 con tecnología soviética y contemplaba dos reactores VVER-440. La planta nuclear de Juraguá formaba parte de acuerdos establecidos entre Cuba y la Unión Soviética. El proyecto contemplaba una central de dos unidades y una infraestructura destinada a desarrollar capacidades nucleares en la isla. La construcción avanzó durante la década de 1980. Para entonces, Cuba también había desarrollado infraestructura científica y técnica relacionada con el uso pacífico de la energía nuclear. La cercanía del proyecto con Estados Unidos añadió una dimensión geopolítica al desarrollo de la central. El diseño utilizaba reactores VVER-440, una tecnología de agua a presión desarrollada en la Unión Soviética. El Organismo Internacional de Energía Atómica registró avances importantes en la construcción durante ese periodo. Sin embargo, el escenario internacional cambió rápidamente. La desaparición de la Unión Soviética modificó las condiciones económicas que sostenían el proyecto.
Una historia vinculada a la crisis energética
El 5 de septiembre de 1992, Cuba suspendió la construcción por razones económicas y financieras. Según documentación del OIEA, las obras no se reanudaron posteriormente. Para entonces, la primera unidad tenía buena parte de sus obras civiles terminadas. Un informe técnico del OIEA estimó un avance de 75% en las obras civiles de esa unidad. También señaló avances menores en instalaciones mecánicas y eléctricas.
La suspensión convirtió a Juraguá en uno de los proyectos energéticos inconclusos más emblemáticos de Cuba. La infraestructura permaneció como testimonio material de un programa que nunca llegó a producir electricidad. La historia de Juraguá vuelve a cobrar relevancia ante la situación actual del sistema eléctrico cubano. En septiembre de 2026, la Unión Eléctrica reportó déficits previstos superiores a 2,000 megavatios durante varios días. El 18 de septiembre ocurrió además un nuevo colapso nacional del sistema eléctrico. Reuters informó que millones de personas quedaron sin servicio, en medio de problemas de infraestructura y escasez de combustible. La comparación con Juraguá surge por una razón concreta: Cuba proyectó aquella central como parte de una estrategia energética de largo plazo, pero nunca llegó a operarla.
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El proyecto que no llegó a producir energía
La experiencia de Juraguá muestra cómo los grandes proyectos energéticos dependen de factores tecnológicos, financieros y geopolíticos. La desaparición de la Unión Soviética alteró las condiciones que habían permitido avanzar con la construcción. Actualmente, la energía nuclear no forma parte de la generación eléctrica cubana. Datos de la Asociación Nuclear Mundial señalan que la producción eléctrica de Cuba continúa dependiendo principalmente de combustibles fósiles. La estructura de Juraguá permanece como referencia de aquel proyecto energético. Su historia también permite observar cómo decisiones tomadas durante la Guerra Fría continúan formando parte del debate sobre las alternativas energéticas de la isla.
¿Qué habría significado para Cuba contar hoy con una central nuclear construida durante aquella etapa?
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