Niño mexicano alto coeficiente

«David da Vinci», niño mexicano, destaca por coeficiente intelectual de 162

«David da Vinci», niño mexicano, destaca por coeficiente intelectual de 162.

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¿Quién es David Camacho?

El nombre de David Camacho comenzó a llamar la atención por su coeficiente intelectual de 162, superior al promedio considerado para altas capacidades. A sus 10 años, el menor originario de Querétaro evita el término “niño genio” y prefiere enfocarse en su proceso de aprendizaje. “Los genios ya están en la tumba”, afirma, al tiempo que subraya que aún construye su camino.

El niño también rechaza comparaciones con figuras como Albert Einstein o Stephen Hawking, pese a que sus niveles de inteligencia se sitúan en rangos similares. En cambio, encuentra inspiración en Leonardo da Vinci, a quien considera un modelo por su capacidad de integrar diversas disciplinas.

¿Qué logros y metas lo distinguen?

David combina su formación académica con actividades poco comunes para su edad. Ha participado en conferencias, desarrolla proyectos propios y se prepara para publicar un libro. Además, asistió a un programa en la NASA, donde experimentó simulaciones espaciales. “Me gustaría hacer la primera cirugía en el espacio”, comenta, al describir sus aspiraciones.

El menor domina varios idiomas y cursa estudios en línea con certificación internacional. Según explica, su habilidad principal radica en aprender con rapidez. “No muchas personas nacen con esto”, señala, al expresar su intención de usar ese talento en beneficio social.

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¿Qué retos enfrentan los niños con altas capacidades?

A pesar de sus logros, David relata experiencias de bullying en el entorno escolar. “Su manera de reflejarlo era haciéndome acoso”, explica. A partir de esa vivencia, decidió impulsar una aplicación enfocada en el manejo de emociones mediante tecnología.

Especialistas advierten que muchos menores con estas características enfrentan diagnósticos erróneos, como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. En México, diversas estimaciones indican que una gran proporción de estos casos no recibe identificación adecuada.

En ese contexto, el caso de David refleja tanto el potencial como los desafíos de este grupo. Aunque destaca en distintos ámbitos, insiste en una idea clara: “No somos adivinos… seguimos siendo niños”.

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