El resurgimiento del Ciclobús: El «autobús submarino» que salva a La Habana
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En medio de la crisis energética más aguda que ha enfrentado Cuba en décadas, un viejo conocido de los años noventa ha recuperado el protagonismo absoluto: el Ciclobús. Este vehículo híbrido, diseñado para transportar tanto a personas como a sus medios de transporte ligeros, se ha convertido en el cordón umbilical indispensable entre La Habana Vieja y las zonas residenciales del este.
El endurecimiento de las restricciones de combustible desde enero de 2026 ha transformado la fisonomía de la capital cubana, donde las bicicletas y motocicletas eléctricas han desplazado casi por completo a los automóviles.
¿Cómo funciona el Ciclobús?
El servicio opera como un puente móvil a través del Túnel de la Bahía de La Habana, un pasaje submarino donde está estrictamente prohibido el tránsito de vehículos ligeros (bicicletas, patinetes o motos) por cuenta propia.
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Capacidad: Transporta a unos 60 pasajeros con sus respectivos vehículos por viaje.
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Flujo diario: Logra movilizar a más de 2,000 personas cada jornada.
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Diseño: Es un autobús diésel modificado; la parte delantera conserva los asientos, mientras que la mitad trasera es un compartimento de carga abierto con rampas y barras de sujeción.
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Recorrido: Es la ruta más corta de la isla (3 km), completando el trayecto en unos 15 minutos.
La economía del transporte en la crisis
La popularidad del Ciclobús no es solo una cuestión de logística, sino de supervivencia económica. En un contexto donde el salario mensual promedio ronda los 7,000 pesos cubanos, los costos de transporte marcan la diferencia:
| Medio de Transporte | Costo del trayecto | Proporción del salario |
| Ciclobús | 2 a 5 pesos | Mínima / Simbólica |
| Taxi compartido | 1,000 pesos | ~14% del salario mensual |
| Taxi privado | Inaccesible | Inalcanzable para el trabajador promedio |
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Un regreso al «Período Especial»
El Ciclobús nació originalmente en la década de 1990, tras el colapso de la Unión Soviética, cuando Fidel Castro distribuyó masivamente bicicletas chinas. Tras años de desuso relativo, el bloqueo energético actual —que limita el combustible a solo 20 litros por mes para los afortunados que logran una cita— ha obligado a los habaneros a desempolvar sus bicicletas o invertir en movilidad eléctrica.
Para miles de trabajadores como Bárbaro Cabral o Ingrid Quintana, el «submarino» no es solo una curiosidad turística o un recuerdo del pasado; es la única forma viable de cruzar la bahía para llegar a sus puestos de trabajo sin gastar el salario de una semana en un solo viaje.
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