El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) emitió una señal de alarma ante el deterioro institucional en Guatemala. En una sesión reciente, el organismo advirtió que la estabilidad democrática del país enfrenta riesgos críticos debido a la interferencia judicial sistemática y las presiones ejercidas sobre procesos clave de renovación de autoridades.
El origen del conflicto: Elecciones bajo sospecha
La preocupación de la OEA se centra en dos procesos fundamentales para el equilibrio de poderes en Guatemala que se han visto empañados por acciones calificadas como intimidatorias:
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Elección de magistrados de la Corte de Constitucionalidad: Se denunciaron intentos de obstaculizar la toma de posesión y el nombramiento de nuevos magistrados, lo que paraliza la máxima instancia de justicia del país.
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Renovación del Colegio de Abogados: Un proceso que tradicionalmente define el rumbo jurídico nacional, pero que esta vez estuvo marcado por la intervención directa de la fiscalía.
Denuncias contra el Ministerio Público
Líderes gremiales y autoridades judiciales presentaron pruebas de un clima de incertidumbre provocado por acciones del Ministerio Público, entre las que destacan:
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Intimidación directa: Incautación de teléfonos celulares y registros personales a integrantes del sistema judicial.
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Presencia fiscal en urnas: La vigilancia prolongada de fiscales en centros de votación fue vista como un mecanismo de presión para influir en los resultados gremiales.
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Criminalización judicial: La presidenta del Colegio de Abogados advirtió que se está utilizando el aparato legal para perseguir a quienes buscan una renovación transparente del sistema de justicia.
El papel de la comunidad internacional
Ante el debilitamiento de la arquitectura democrática interna, diversos sectores de la sociedad civil guatemalteca han solicitado que la OEA actúe como garante de la transparencia. El acompañamiento internacional se percibe ahora como la única vía para evitar que las presiones internas logren desarticular el orden constitucional.
«La independencia judicial no es un privilegio de los jueces, sino una garantía para los ciudadanos. Sin ella, la democracia en Guatemala pende de un hilo», señalaron observadores durante la sesión.

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