Ríos de América del Sur registran las mayores concentraciones de cocaína a nivel mundial.
Un reciente estudio internacional ha revelado una alarmante realidad ambiental: los ríos de América del Sur presentan las concentraciones más altas de cocaína registradas en todo el mundo, según datos recopilados de 225 ríos en cuatro continentes.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Massachusetts y publicada en la revista científica Science of the Total Environment, analizó la presencia de drogas estimulantes y opioides en cuerpos de agua dulce a nivel global, destacando a Sudamérica como la región con mayor contaminación por sustancias como cocaína, ketamina y morfina.
Drogas en el agua: una amenaza ambiental creciente
El equipo de investigación, conformado por Varsha Niroula, Gustavo Salcedo y Sheree Pagsuyoin, realizó una revisión sistemática de estudios científicos entre 2012 y 2022, centrados en la presencia de drogas de uso recreativo y médico en aguas superficiales. Los resultados son contundentes: las drogas de abuso están presentes en ríos de zonas urbanas y rurales, representando un riesgo ecológico aún poco estudiado.
Falta de monitoreo y riesgos desconocidos
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la ausencia de monitoreo uniforme a nivel internacional, especialmente en regiones como América Latina, África y Oceanía. Esta carencia de datos limita la capacidad de los gobiernos y organismos internacionales para:
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Evaluar con precisión los efectos tóxicos en la fauna acuática.
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Desarrollar políticas ambientales efectivas.
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Invertir en mejoras tecnológicas en plantas de tratamiento de aguas.
Aunque se sabe que las drogas llegan a los ríos a través de aguas residuales no tratadas adecuadamente, los sistemas actuales de saneamiento no eliminan completamente estos residuos, permitiendo que persistan durante días o semanas en los ecosistemas.
Impacto en los ecosistemas acuáticos
Los investigadores advierten que, aunque las concentraciones encontradas suelen ser bajas en comparación con las dosis terapéuticas, los efectos acumulativos y la formación de mezclas químicas podrían tener consecuencias desconocidas en organismos acuáticos.
La mayoría de los estudios toxicológicos existentes se han hecho con concentraciones mucho más altas que las presentes en el agua, lo que dificulta entender con exactitud los daños reales para la fauna y los ecosistemas.

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