El mandatario cubano reconoce la necesidad de reformas profundas tras registrarse apagones récord que afectan a más del 60% del territorio nacional
En una sesión estratégica del Consejo de Ministros, el dirigente cubano Miguel Díaz-Canel admitió que la actual crisis energética en Cuba ha alcanzado niveles críticos, obligando al Ejecutivo a plantear transformaciones inmediatas en su estructura económica y social. La isla enfrenta una parálisis casi total debido a la drástica reducción de las reservas de crudo, situación agravada por la suspensión de los suministros provenientes de Venezuela tras los recientes conflictos bélicos en el Golfo. Ante este escenario, el mandatario subrayó que la supervivencia del modelo depende de una reestructuración profunda que otorgue mayor autonomía a las empresas y municipios.
Reformas estructurales y apertura a la inversión
En primer lugar, Díaz-Canel vinculó la urgencia de estas reformas con la necesidad de descentralizar el poder estatal. La propuesta incluye fortalecer la autonomía municipal, permitiendo que los gobiernos locales gestionen directamente la atracción de inversión extranjera directa. Posteriormente, el dirigente instó a promover asociaciones económicas entre el sector estatal y el no estatal, así como a facilitar las inversiones de cubanos residentes en el exterior. Estas medidas representan un giro significativo en el discurso oficial, buscando oxígeno financiero frente al asedio petrolero que ha detenido los motores de la economía insular.
Por otra parte, la realidad cotidiana de los ciudadanos refleja la gravedad de la situación. Según datos de la Unión Eléctrica (UNE), este martes se prevén cortes que desconectarán simultáneamente a más del 63% del país durante las horas de mayor demanda. Consecuentemente, el inicio de marzo ha registrado cifras históricas de desabastecimiento eléctrico, alcanzando un récord de inactividad cercano al 64% el pasado lunes. En amplias regiones del país, los ciudadanos enfrentan cortes superiores a las 20 horas diarias, mientras que en La Habana los apagones ya promedian las 15 horas.
El impacto del asedio petrolero internacional
Asimismo, el gobierno cubano atribuye el agravamiento de la crisis al bloqueo energético impuesto por Estados Unidos desde enero de 2026. Este asedio ha dificultado la logística de importación de combustibles, dejando a las termoeléctricas nacionales sin el insumo básico para su funcionamiento. La interrupción de la «ruta del petróleo» desde Venezuela ha sido el golpe definitivo para un sistema energético que ya presentaba signos de obsolescencia desde mediados de 2024. Esta coyuntura no solo ha paralizado la industria, sino que ha disparado el malestar social y ha generado una crisis humanitaria incipiente por la falta de refrigeración de alimentos y servicios básicos.
Finalmente, el anuncio de «cambios urgentes» por parte de Díaz-Canel es visto por analistas como un intento de contener la presión interna mediante una liberalización controlada de ciertos sectores productivos. Sin embargo, la efectividad de estas transformaciones socioeconómicas dependerá de la rapidez con la que se implementen y de la capacidad del Estado para estabilizar el suministro eléctrico. Mientras la crisis energética en Cuba continúa batiendo récords negativos, el país entra en una fase de incertidumbre donde la reforma del aparato gubernamental y la apertura al capital externo parecen ser las únicas vías de escape ante el apagón total.

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