Más allá del petróleo: las riquezas minerales de Venezuela que despiertan interés internacional

Hierro, oro, coltán y tierras raras figuran entre los recursos estratégicos del país sudamericano, varios de ellos considerados “críticos” para la economía de Estados Unidos.

Venezuela ha sido históricamente asociada con el petróleo. Con alrededor de 300.000 millones de barriles en reservas probadas —las mayores del mundo, según datos de la OPEP— el país construyó su economía durante más de un siglo en torno al crudo.

Sin embargo, el subsuelo venezolano alberga mucho más que hidrocarburos. En los últimos años, diversos minerales estratégicos han cobrado protagonismo en medio de la reconfiguración política del país y del interés de potencias como Estados Unidos por asegurar el suministro de materias primas consideradas críticas para su economía.

Un amplio inventario de recursos

Especialistas señalan que Venezuela posee importantes yacimientos de:

  • Hierro (octavas reservas mundiales, según datos oficiales)

  • Bauxita (materia prima del aluminio)

  • Oro

  • Diamantes

  • Coltán

  • Níquel

  • Cobre

  • Carbón

La mayoría de estos recursos se concentran en la región de Guayana, al sureste del país, particularmente en el estado Bolívar. Otros, como el carbón, se encuentran en el estado Zulia, mientras que el cobre está distribuido en zonas del centro y oriente.

Las autoridades venezolanas aseguran que el país cuenta con al menos 50 minerales identificados, de los cuales unos 15 tendrían potencial comercial.

El oro como “plan B” económico

Tras el colapso de la producción petrolera a mediados de la década pasada, el gobierno impulsó el desarrollo del Arco Minero del Orinoco, una zona de más de 110.000 kilómetros cuadrados destinada a la explotación de minerales, especialmente oro.

En los últimos años, la producción aurífera habría alcanzado entre 40 y 50 toneladas anuales, según estimaciones de organizaciones nacionales e internacionales. El oro se convirtió así en una fuente clave de divisas ante la caída de los ingresos petroleros.

No obstante, el desarrollo del sector ha estado marcado por denuncias de minería ilegal, daños ambientales y presencia de grupos armados en zonas de explotación.

Coltán y tierras raras: minerales estratégicos

Uno de los recursos que más atención genera es el coltán, mineral del que se extraen tantalio y niobio, esenciales para la industria tecnológica y militar.

En 2018 se anunció la primera exportación formal de coltán venezolano, aunque expertos advierten que no existen datos públicos suficientes sobre el tamaño real de las reservas.

También se ha señalado la posible existencia de tierras raras en el país, un grupo de 17 elementos clave para la fabricación de baterías, imanes, pantallas y tecnologías avanzadas. Sin embargo, la magnitud de estos yacimientos no ha sido verificada plenamente y su explotación implicaría desafíos ambientales significativos.

Minerales “críticos” para EE.UU.

El interés internacional no se limita al petróleo. En noviembre de 2025, Estados Unidos incorporó minerales como bauxita, níquel, cobre y carbón a su lista de minerales críticos, considerados fundamentales para la seguridad económica y tecnológica del país.

Funcionarios estadounidenses han manifestado la intención de diversificar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de otros mercados. En ese contexto, Venezuela aparece como un territorio con potencial estratégico, aunque enfrenta limitaciones importantes: infraestructura deteriorada, falta de estudios actualizados sobre reservas y un marco jurídico en proceso de reforma.

Apertura y desafíos

Las autoridades venezolanas han mostrado disposición a modificar leyes del sector hidrocarburos y minería para atraer inversión privada y reactivar la explotación de recursos.

Sin embargo, analistas advierten que cualquier expansión minera deberá equilibrar tres factores clave:

  1. Seguridad jurídica para inversionistas

  2. Protección ambiental

  3. Respeto a comunidades indígenas

El futuro de la minería venezolana dependerá no solo del tamaño de sus reservas, sino de la capacidad del país para convertir su potencial geológico en una actividad sostenible y económicamente viable.