Mercados LATAM enfrentan un año de volatilidad
Las perspectivas de trading en Latinoamérica para 2026 anticipan un escenario marcado por alta volatilidad, ajustes monetarios globales y un mayor uso de instrumentos financieros diversificados. En este contexto, los mercados de forex y ETF concentran la atención de traders regionales que buscan aprovechar movimientos en divisas, commodities e índices internacionales, en medio de un entorno macroeconómico cambiante.
De entrada, 2026 se perfila como un año relevante para América Latina debido a la posible flexibilización monetaria en Estados Unidos, la presión estructural sobre monedas emergentes y el crecimiento sostenido del interés en fondos cotizados. Estos factores redefinen las estrategias de operación, tanto para traders de corto plazo como para inversionistas con horizontes más amplios.
En primer lugar, los cambios en la política monetaria global influyen directamente en el comportamiento del dólar y en los flujos de capital hacia mercados emergentes. Una eventual reducción gradual de tasas por parte de la Reserva Federal podría debilitar al dólar, lo que históricamente favorece a monedas latinoamericanas como el peso mexicano, el real brasileño y el peso colombiano. Además, este entorno suele incentivar operaciones de carry trade y aumentar la liquidez regional.
Divisas, commodities y ETFs como ejes estratégicos
Por otra parte, el desempeño de las monedas en América Latina mantiene una relación estrecha con los precios de los commodities. Economías como Brasil, Chile, Perú y Colombia dependen de exportaciones de materias primas clave, entre ellas soja, cobre, plata y petróleo. En consecuencia, un escenario de precios estables o al alza podría fortalecer las divisas locales, mientras que caídas abruptas generarían episodios de alta volatilidad cambiaria.
En el caso específico de México, el peso mantiene una posición relativamente sólida gracias al nearshoring, las exportaciones manufactureras y los diferenciales de tasas. No obstante, los mercados anticipan movimientos relevantes alrededor de eventos políticos y electorales internacionales, que suelen reflejarse en el tipo de cambio.
De manera paralela, los ETFs ganan terreno como herramienta de diversificación. Los traders latinoamericanos incrementan su exposición a fondos ligados a commodities, índices bursátiles estadounidenses y mercados locales. Los ETFs de oro y otros metales preciosos adquieren relevancia como cobertura ante riesgos cambiarios y geopolíticos, mientras que los fondos vinculados al S&P 500 o al Nasdaq permiten acceder al crecimiento global sin operar acciones individuales.
Asimismo, varios países de la región fortalecen sus mercados locales de ETFs, lo que facilita estrategias de inversión con menores costos y mayor liquidez. Estos instrumentos permiten equilibrar carteras y reducir riesgos frente a movimientos abruptos en el mercado cambiario.
Finalmente, el factor político continúa como una variable clave. Procesos electorales, reformas fiscales y anuncios regulatorios generan episodios de volatilidad que los traders suelen capitalizar, aunque también elevan el nivel de riesgo. Por ello, el seguimiento constante del entorno político y macroeconómico resulta determinante para operar con mayor precisión.
En síntesis, las perspectivas de trading en Latinoamérica para 2026 combinan oportunidades relevantes en forex y ETFs, siempre que las estrategias integren análisis macro, gestión de riesgo y diversificación de instrumentos.

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