Interdom: el internado soviético de hijos revolucionarios

Qué fue el Interdom y por qué se creó

El Interdom, oficialmente llamado Elena Stasova School, fue un internado internacional fundado en 1933 en Ivánovo, Unión Soviética. Su objetivo era acoger a los hijos de revolucionarios y activistas políticos de todo el mundo que necesitaban protección. Entre sus alumnos estuvieron los hijos de líderes como Mao Zedong, Josip Broz “Tito” y Dolores Ibárruri, así como niños latinoamericanos exiliados de dictaduras en Chile, Paraguay, Ecuador, Colombia y otros países.

La iniciativa surgió gracias a la militante suiza Mentona Moser, que donó parte de su fortuna para crear la escuela junto con el apoyo de Fritz Platten, organizador del regreso de Lenin a Rusia en 1917. La ubicación en Ivánovo se eligió por su infraestructura destacada, ideal para formar a niños de distintas nacionalidades en un entorno seguro y educativo.

La experiencia de los estudiantes latinoamericanos

Los niños latinoamericanos llegaron en distintas olas desde los años 30 hasta los 70, huyendo de dictaduras y conflictos políticos. Al llegar, enfrentaban el desafío del idioma ruso, la adaptación cultural y la separación de sus familias. Sin embargo, la fraternidad entre los alumnos latinoamericanos ayudó a superar estas dificultades.

Viola Carrillo, chilena, llegó al internado tras el golpe de Pinochet y recuerda: “Entre nosotros sentíamos calor humano, una fraternidad muy especial. Hasta el día de hoy seguimos en contacto”. Otros estudiantes formaron grupos culturales como la banda Los Ponchos Rojos, que interpretaba música folklórica y de protesta latinoamericana, promoviendo la identidad cultural en el internado.

Rutina, educación y formación ideológica

El Interdom combinaba un currículo académico de alto nivel con formación ideológica comunista. Los alumnos estudiaban ruso y su lengua materna, historia y cultura de sus países, además de participar en deportes y actividades culturales. Muchos se unían a la organización Pioneros, que promovía valores comunistas y actividades colectivas, como campamentos y juegos educativos relacionados con la política y la sociedad.

La vida diaria seguía horarios estrictos: levantarse a las 6 a.m., ejercicios, desayuno, clases, almuerzo, tareas, tiempo libre y luces apagadas a las 8 p.m. A pesar de las dificultades, los estudiantes desarrollaban un fuerte sentido de comunidad y compromiso político.

El fin del exilio y el legado del Interdom

Al finalizar la educación media, los alumnos debían enfrentar la vida real. Algunos regresaron a sus países de origen, como Viola Carrillo y Patricia Salgado a Chile, o Aida León a Ecuador. Otros permanecieron en Rusia o se trasladaron a Europa.

Tras la disolución de la URSS, el internado continuó funcionando, pero con menor presencia internacional. Actualmente, el Interdom ofrece programas educativos cortos para niños extranjeros, manteniendo su infraestructura de diez edificios y capacidad para más de 500 alumnos.

El legado del Interdom sigue vivo en la memoria de quienes estudiaron allí. Los latinoamericanos mantienen tradiciones culturales, música y recuerdos de la época soviética, destacando la importancia de este internado en la protección y formación de hijos de revolucionarios alrededor del mundo.