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Crisis en Cuba: Washington endurece su postura y exige reformas inmediatas al régimen

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La relación entre Estados Unidos y Cuba ha entrado en una fase de tensión máxima. En febrero de 2026, la administración del presidente Donald Trump ha intensificado la presión diplomática y económica sobre la isla, exigiendo «cambios drásticos y muy pronto». Este ultimátum llega en un momento crítico para el gobierno de Miguel Díaz-Canel, quien enfrenta el colapso del sistema energético nacional y la escasez de suministros más severa desde los años noventa.

El factor Rubio y los contactos informales

Uno de los elementos más reveladores de esta nueva etapa es el papel del Secretario de Estado, Marco Rubio. Según filtraciones de Axios, Washington ha establecido canales de comunicación informales con Raúl Guillermo Rodríguez Castro (conocido como «El Cangrejo»), nieto de Raúl Castro y figura clave en el aparato de seguridad.

Amenazas de sanciones y el dilema de Díaz-Canel

El presidente Trump ha sido contundente: no solo habrá nuevas sanciones contra el régimen, sino que también ha amenazado con represalias a países terceros que suministren petróleo a Cuba. Esto coloca a la isla en un aislamiento casi total, obligando al gobierno cubano a elegir entre dos caminos:

  1. Reformas estructurales: Aceptar cambios económicos y políticos que podrían erosionar el control del Partido Comunista pero aliviar la crisis humanitaria.

  2. Resistencia extrema: Mantener el modelo actual a costa de un deterioro social que ya evoca los años más oscuros del «Periodo Especial».

México como posible puente diplomático

En este escenario de alta volatilidad, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha posicionado a su gobierno como un potencial mediador. México busca evitar una crisis humanitaria mayor en el Caribe que pueda derivar en olas migratorias masivas, intentando equilibrar su relación estratégica con Estados Unidos y su histórica política de no intervención con Cuba.

Dato clave: La crisis actual no solo es económica; es un dilema de supervivencia para el sistema político cubano, que se queda sin margen de maniobra ante las presiones de una Casa Blanca decidida a forzar una transición.

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