Elecciones sin oposición en Nicaragua, Daniel Ortega metió a la cárcel a todos sus adversarios.

El próximo 7 de noviembre, Daniel Ortega buscará reelegirse para un cuarto mandato consecutivo como presidente de Nicaragua, para lo cual apeló en los últimos meses a artimañas legales que le permitieron correr de la competencia electoral a sus opositores. Esto incluye la detención y enjuiciamiento de 34 dirigentes políticos, además de miembros de organizaciones sociales y periodistas…

Con esta acción, el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que gobierna el país desde 2007, corrió de la carrera electoral a siete candidatos presidenciales –entre ellos Cristiana Chamorro y Félix Madariaga-, para consolidar con mano dura una autocracia junto a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

La persecución contra opositores es la última de una serie de estrategias que le han permitido a Ortega alcanzar el control de todo el aparato del Estado y, por qué no, de la vida de los nicaragüenses.

Desde que volvió al poder hace casi 15 años, tras haber sido presidente en la década del ’80, el ex guerrillero eliminó a sus competidores políticos dentro del FSLN; se apoderó de todos los órganos judiciales y electorales; se alió con los empresarios más prominentes del país; modificó a su medida la Constitución y aprobó leyes represivas; y, finalmente, puso tras las rejas a siete candidatos presidenciales que se atrevieron a desafiarlo. A ello le sumó la censura y persecución contra medios de prensa, que fueron cerrados, silenciados o empezado a reportear desde el exilio.

De esta manera se termina de configurar el perfil de un Ortega convertido en el líder de una dinastía familiar similar a la de los Somoza, aquella que él y otros guerrilleros lograron voltear en 1979. Hoy, Nicaragua ha perdido cualquier atisbo de la república igualitaria y respetuosa de los derechos humanos que los sandinistas soñaron cuando derrocaron al régimen de Anastasio Somoza Debayle.